Ernesto Zedillo llega a la presidencia rompiendo con la continuidad de los intereses creados por Carlos Salinas

Ernesto Zedillo llega a la presidencia rompiendo con la continuidad de los intereses creados por Carlos Salinas y porque Luis Donaldo Colosio era la continuidad de ese proteccionismo. ¡Privatización e integración era la consigna! Logra unirse en torno a Zedillo lo más extremo del neoliberalismo con lo más atrasado del priísmo para destruir la identidad de la izquierda y romper, con los monopolios trasnacionales, los monopolios locales creados por Salinas. Zedillo antes, durante la presidencia y como ahora, siempre ha sido un empleado del exterior y a su servicio. La tarea era abrir los intereses de su antecesor y eso fue el núcleo de la ruptura entre sus dos gobiernos. Carlos Salinas es el constructor de la nueva oligarquía dueña de los monopolios privados, que se refugian y gozan tanto del proteccionismo nacional como de las condiciones del mundo global; que se benefician tanto de las ruinas del vetusto régimen priísta como de las debilidades del gobierno panista; que crean reformas que les sirven y usan el nacionalismo lopezobradorista para detener las que les perjudican. Ése es el origen de la “década perdida” a la que se refiere Carlos Salinas y de la que se beneficiaron con la paralización y que condujo al peor de los destinos, pero al mejor de los mercados; es decir, al país sin reglas y regido por la oferta y la demanda de los poderosos locales y extranjeros. A partir de 1996, bajo este pacto del lopezobradorismo con el zedillismo, contra la confrontación política y programática entre Cárdenas y Salinas, el PRD cambió su naturaleza y se dispuso a entrar en una lucha por el poder sin adjetivos ni contenidos. Si con Cárdenas se cerraban las puertas, con López Obrador se abrían; si con Cárdenas se construían reformas, con López Obrador se traducirían en presupuestos, prerrogativas y nóminas; si con Cárdenas se mantenían los colectivos y surgían dirigentes, con López Obrador desaparecían. El PRD en estos 19 años tiene dos momentos: de 1989 a 1995, en que se modifica la correlación de fuerzas en la política, pues, a pesar de las maniobras salinistas, violentas y fraudulentas contra el PRD, éste sabía de la fuerza proyectada, cuyo peligro esencial era que se convirtiera en una vía nacional distinta a la propuesta por la oligarquía monopólica local o la apertura entreguista total. La otra etapa es de 1996 hasta hoy, cuando el PRD pierde identidad ideológica y programática y, repudiando sus propios votos en las urnas, se convierte en el impulsor del viejo régimen priísta y su comisión de insultos para que el viejo PRI desde la tercera posición siguiera gobernando. Construir esa vía distinta y propia es lo que no se ha planteado el PRD como tarea, y por ello su crisis de hoy es de esencia.